viernes, 4 de julio de 2014

“Penélope, uno tras otro los ve pasar, mira sus caras, les oye hablar, para ella son muñecos.” Por Lylya Cisneros


El amor y el dinero tienen recovecos que nadie imagina y él a quien llamaré Benito lo ha vivido pero no lo puede contar, así que tomaré su imagen, escucharé sus murmullos,  miraré sus ojos, sus expresiones y dejaré que mi mente divague por la fantasía para crearle una historia que nos haga mirarlo de manera diferente.
Benito hombre de complexión delgada, aproximadamente de 1.70 de altura, bien vestido y atractivo con un semestre en Contaduría, gran visionario de los negocios y necesidades de una ciudad. Se instaló a vivir en Cuautla teniendo como propósito ser un hombre exitoso con negocios de ropa.
Inició sus actividades comerciales a los 7 años, originario de un pueblo pequeño y pintoresco llamado Aculco, de gran actividad textil, allí la mayoría de los hombres trabajaban en minas de cantera. Benito tenía las manos ásperas y resecas por ayudar desde pequeño a su padre extrayendo el ixtle del maguey,  elaborando ayates, redes rudimentarias para la pesca y la cosecha del maíz, sombreros de palma, morrales y prendas de vestir, que vendía su madre en Ixtapan de la Sal donde él siempre la acompañaba.
Pero él se veía más allá de ese pueblo y soñaba con salir de ahí y llevarse a sus padres a una mejor vida, así que siempre insistió con su padre que lo dejara estudiar, Don Quintilano que era nacido en ese pueblo creía que nada más hacía falta si se tenía una mujer, una buena cobija y tortillas recién hechas acompañadas con una salsa molcajeteada y su café, así que le ponía tareas pesadas para ver si su hijo desistía de ir a la escuela.




Pero Benito hacía todo lo que su padre le decía con tal de correr al terminar hacia la escuela, así curso la primaria y la secundaria, pero él deseaba más, así que cuando iba con su madre a vender sus artesanías, preguntaba por las escuelas donde él podría continuar estudiando.
Así curso el bachillerato y tres años más tarde, llegaría a Cuernavaca  a la Universidad del Estado en la facultad de contaduría, al llegar leyó el lema de la institución “Por una humanidad culta”  y sintió como su piel se erizaba, sí – pensó- había llegado al lugar indicado para él.
Se inscribió e inició sus estudios, era el primero de la clase, con hambre de conocimiento, nunca se le vio en una fiesta, ni faltar a clases, pero la vida tenía otros planes para él.
Casi al término del semestre, llegó su hermano Policarpo con una mala noticia, su padre había muerto víctima de la mordedura de una serpiente, lo encontraron tullido le dijo,  con la pierna amarrada con su paliacate.

Benito no daba crédito a lo escuchado, tienes que regresar al pueblo le dijo su hermano, tomaron sus cosas y viajaron a Aculco, ver a su madre llorando sobre el cuerpo de su padre lo conmovió muchísimo, olvidó la escuela pensando que podría regresar días después y continuar.

Pero no fue así, cuando Benito intentó incorporarse de nuevo ya era tarde, no había registro de calificaciones de su semestre cursado y había causado baja definitiva
Ahora cargaba con la pena de varias pérdidas, su padre, sus estudios, sus sueños. Se sentó al borde de un  precipicio  y observó el paisaje lejano que la ubicación en alto de la Universidad le mostraba.
No – dijo- aquí me quedaré y voy a trabajar duro, traeré a mi familia. Así que preguntó con sus maestros que poblados del Estado podrían ofrecerle espacio para el comercio.
Un maestro le sugirió vete a Cuautla es la segunda ciudad más importante y mucha gente baja de sus pueblos a realizar sus compras allí.
No lo pensó mucho, tomó sus pocas pertenencias y llegó a esta ciudad con un propósito, ser un importante comerciante, pago un cuartucho pequeño donde colocó sus cobijas, se fue a su pueblo y convenció a su madre de vender la vaca y las pocas gallinas que tenían, con ese dinero viajó a la Ciudad de México y compro ropa.


Ya en Cuautla empezó a colocar sus prendas colgadas en la puerta de su cuarto, poco a poco fue terminando las prendas y regresó al Distrito Federal por más. En poco tiempo era ya conocido por las personas y lo buscaban para comprar su mercancía, así que pensó en alquilar un cuarto más grande. En un año ya tenía un local pequeño en el centro de la ciudad, en cinco años era propietario de dos negocios y un local.

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